martes, 21 de julio de 2020

Escritos imprudentes, de la crónica al ensayo


El siguiente texto fue presentado en el encuentro "De crónicas y ciudades. La tibia garra testimonial 2" dentro del eje Eje d. Crónicas y testimonios: políticas de la memoria y poéticas del duelo, realizado durante los días 2, 3 y 4 de octubre de 2019



Escritos imprudentes, de la crónica al ensayo
Rafael Fabián Gutiérrez
CIUNSa  Proyecto  de
Investigación N° 2463

Introducción
            José Pablo Feinmann es muy conocido por su trascendencia mediática, ya que durante el desarrollo de los programas culturales y educativos de la TV Pública, realizó ciclos de divulgación sobre filosofía, política e historia. Sin embargo esa tarea había comenzado mucho antes en medios de prensa escrita, pero en espacios que no eran masivos, pues las revistas publicadas por Ediciones de La Urraca y el diario Página 12 estaban orientados a lectores reflexivos que se tomaran su tiempo para detenerse en artículos de opinión de mucha elaboración, a diferencia de otras publicaciones de prensa que preferían la síntesis para la lectura informativa rápida.
            Por otra parte desarrolló otra tarea escritural con varias novelas y guiones cinematográficos, de los cuales las más conocidas son las que dieron lugar a películas como “Los últimos días de la víctima”, “Ni el tiro del final” y  “Eva Perón” de 1996 con dirección de Juan Carlos Desanzo y protagonizada por Ester Goris.
En esta ponencia nos detendremos sobre algunos de los temas del libro Escritos imprudentes. Argentina, el horizonte y el abismo de J. P. Feinmann, hecho a partir de la reelaboración de los artículos que publicó en diario Clarín, en las revistas Radar, 3 Puntos, Latido, Mercado y Página 30, que se iniciaron como una opinión en un contexto y que luego se incorporaron a una reflexión más amplia en forma de ensayo y en sus novelas.

            El escritor y su trayectoria
            La Doctora Rita De Grandis es la investigadora que ha desarrollado el estudio más amplio e integral sobre la producción de José Pablo Feinmann relevando los distintos aspectos de su labor escritural en diversos medios. Ella afirma sobre su obra periodística:
El periodismo columnista que practica Feinmann da cuenta de una estrecha relación entre las prácticas de lectura de la literatura y el periodismo en el proceso de producción que es el acotado territorio de lo nacional. Casi más de la mitad de la obra de Feinmann se compone de textos publicados en periódicos. Constituye un corpus vasto y heterogéneo, organizado en torno de un yo unitario y consistente que rige su escritura. (De Grandis, 2006: 94)

Por lo que reconoce que de acuerdo con los medios para los que escribe:
Su temática irá variando conforme al sustento empírico en el que se apoya, regido por las diversas coyunturas políticas que  atraviesa la Argentina, desde el periodo de la transición democrática hasta el presente. Las notas de Feinmann transitan debates cotidianos, identificaciones y rechazos de sus constantes lecturas y relecturas. (De Grandis, 2006: 94)

Juan Pablo Feinmann trasciende la inmediatez temporal del artículo realizado para medio de prensa con una tarea continua de recopilación y reescritura:
Además de la publicación de la prensa periódica, casi todas las notas han sido editadas en forma de libro. Estas notas mantienen una relación muy estrecha con sus ensayos; son formas breves del ensayo que luego extiende o integra en un esquema más amplio. (De Grandis, 2006: 94)

            Había dicho anteriormente que la labor de divulgación y opinión del escritor y periodista José Pablo Feinmann comenzó mucho antes en medios de prensa orientados a un lector reflexivo e interesado por el acontecer político nacional. Eso ocurrió específicamente en la revista Humor entre 1983 y 1999, dentro de una publicación emblemática que, bajo la dirección de Andrés Cascioli, desafió la represión y la censura del Proceso a partir de 1978. El medio había logrado una inserción como una revista satírica que se fundaba en una larga tradición argentina que databa de los tiempos de Rosas, lo que le permitió a la dirección deslizar progresivamente notas de opinión sobre la actualidad nacional y su vínculo con el pasado inmediato. Dentro de ese perfil es que la figura de José Pablo Feinmann se adecua oportunamente para producir lo que el mismo autor califica de ensayos surgidos de un encuadre teórico que le permite interpretar su momento.
Las notas de Humor son ensayos breves, pequeños artículos de opinión de los que prima la disquisición ideológica vinculada al revisionismo histórico. El peronismo y la reciente inaugurada democracia son un tema central que aporta una de las líneas de fuerza que otorga unidad a toda la serie. En todas estas notas se insiste sobre las elecciones pasadas y sobre las presentes. (De Grandis, 2006: 99)

            En 1991 se unió al diario Página 12, medio de prensa escrita que reunió un equipo de colaboradores con un perfil similar al de Humor, pues convocaba a redactores jóvenes junto a quienes retornaron del exilio con la democracia y a aquellos que habían sobrevivido sin salir del país. Los redactores que compartieron alternativamente la contratapa del diario se propusieron un plan de revisión del presente a partir de las herencias del periodo desde el cual provenían, las décadas del 1960 y 1970, como etapas de formación y de luchas truncadas por el “Proceso de reorganización nacional”.
            Esa etapa en la que escribe sobre otros temas para otros medios de prensa, coincide con el ascenso del Menem al gobierno nacional y la consecuente transformación del país que varios intelectuales denunciaron como nuevas formas de violencia provocadas por las políticas del Estado o por sus organismos, en un contexto internacional marcado por el fin de la guerra fría, la caída del muro de Berlín y el consecuente triunfalismo norteamericano que, al considerarse ganador de la contienda, pretendía imponer su pensamiento homogeneizador sobre todas sus áreas de influencia.
            Un medio como Página 12, integrado por redactores con experiencia política y con gran interés por desarrollar una reflexión entre sus lectores, no dejó pasar por alto ninguno de esos acontecimientos y, en ese contexto, José Pablo Feinmann tomó acontecimientos de fuerte repercusión social para analizarlos y llevarlos más allá de la noticia de prensa del momento. Resultado de esa tarea regular y sostenida en el medio de prensa es que publica en 2002 Escritos imprudentes. Argentina, el horizonte y el abismo, prácticamente una compilación de sus artículos de contratapa en Página 12 durante la última década del siglo XX.
Los 90 fueron también escenario de nuevos episodios de violencia que caracterizaron la política de Menem (“Sobre la delincuencia”, “Desempleo y delito”, Escritos imprudentes, 2005 –segunda compilación de notas de Página 12-), uno de los cuales, de gran repercusión social, fue el caso Cabezas (“Narrativa policial y realidad política”, “La estrategia del cadáver”, “Un país rompecabezas”, “Pensar desde Cabezas”), Escritos imprudentes que Feinmann comenta sobre la base del desarrollo de la literatura policial y detectivesca argentina (“Narrativa policial y realidad política”). Evoca un clásico relato de criminalidad política dela década de los 60, ¿Quién mató a Rosendo? de Rodolfo Walsh, para sustituirlo por “¿Quién mató a Cabezas?”, que es un mito en la conciencia lectora de grandes sectores intelectuales e infiere que, cono en la literatura detectivesca argentina no hay policías, la literatura da cuenta de la vida… (De Grandis, 2006: 105)

            Durante el mismo periodo José Pablo Feinmann se reinstaló en el panorama literario argentino porque desde su ingreso al campo con sus novelas policiales, en 1986 publicó El ejército de cenizas dando un giro total hacia una ficción ambientada en el siglo XIX que echaba un juicio terrible sobre las guerras civiles argentinas y en 1990 La astucia de la razón le permitía hacer catarsis sobre su vida durante el Proceso, cruzada por una reflexión filosófica que trata de dar sentido a lo vivido.

            Algunos casos puntuales.
Cabezas y la continuidad del terrorismo de Estado
            Por una cuestión del tiempo acotado de una ponencia y por el espacio reducido de su escritura, voy a referirme a sólo algunos de los casos que pasaron de la noticia de tapa a la reflexión de contratapa y de allí al ensayo.
            Una de las noticias que más repercusión tuvo en esa década fue el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, hecho que fue seguido por la prensa con lugar destacado en las tapas durante bastante tiempo. Más allá de la noticia, la contratapa de Página 12 le permitió a José Pablo Feinman la reflexión sobre el hecho a partir del cruce entre el hecho, la relevancia periodística que adquirió y la literatura testimonial argentina.
            El asesinato de José Luis Cabezas unió a la prensa en una cruzada que superó sus diferencias ideológicas por lo que tuvo una investigación y una cobertura muy amplia que puso a los culpables en una situación en que perdieron el amparo del gobierno con el que había negociado su impunidad.
            En la tercera parte de Escritos imprudentes, José Pablo Feinmann reunió as notas de contratapa en las que especuló sobre el caso Cabezas, entroncándolo con una tradición de violencia amparada por el Estado cuyo máxima expresión se dio en la década del setenta con la Triple A y luego con los grupos de tareas del gobierno de facto. Por lo que muestra que la etapa no fue superada por la vuelta a la democracia sino que continúa presente como una forma de funcionamiento de la corrupción instalada en los aparatos del Estado que  incluyen a la Policía. La distancia entre la nota publicada en Página 12 y su reelaboración para el libro se evidencia en un comentario que hace notar la lentitud del aparato judicial para esclarecer el crimen por el tiempo transcurrido entre su publicación original y su preparación para el libro:
Entonces, si se tira hasta el final del hilo Yabrán y si en ese final lo que se derrumba es un Poder que ha hecho de los negocios turbios su estilo de existencia política, lo deseable, o, más aún, lo imprescindible será que esa Argentina sea la que ocupe el lugar vacante. (Nota: Todos sabemos, hoy, que fue exactamente esto lo que no ocurrió. Estoy terminando este libro –verano de 2002- y se cumplen cinco años del asesinato de Cabezas. Las incógnitas siguen, la impunidad también.) (Feinman, J.P., 2002: 304-305)
           
El análisis del mismo crimen le permite emparentarlo con la tradición del género policial y sus particularidades en la Argentina, que fue prácticamente definido por las novelas  testimoniales de Rodolfo Walsh y que lo llevaron a la muerte en manos de un Estado represivo. El mismo José Pablo Feinmann contribuyó al campo con dos novelas transpuestas a la pantalla con los mismos títulos, en las que no hay posibilidad de restauración del orden porque el crimen es estructural en el sistema, no es una anomalía que el detective pueda restaurar. Con lo que muestra que la literatura –lejos de ser una evasión por mundos ficcionales- es reveladora del complejo entramado social y de sus mecanismos de poder[1].

El fin de la historia y el punto final
Hacia el final de su libro de ensayos, ordenada como la “Séptima parte” está la serie que lleva por título “Después de las torres gemelas” y reúne las reflexiones en torno a la gran noticia con la que se inauguraba el siglo XXI: el ataque a las torres gemelas de New York, el 11 de setiembre de 2001.
El fin del siglo XX estuvo marcado por el fin de la guerra fría con lo que el capitalismo declaraba su triunfo y su filósofo era Francis Fukuyama que anunciaba El fin de la historia y el último hombre como su legitimación desde la filosofía. Esa etapa finalizó con el inesperado atentado ejecutado por una organización terrorista internacional que llevaba al corazón de Norteamérica una guerra que siempre pretendió mantener lejos de sus fronteras. Aunque, paradójicamente, el imperio necesita de enemigos para justificar guerras e intervenciones en distintos lugares del mundo.
José Pablo Feinmann, como conocedor de la historia y de la filosofía de la historia, aprovechó para mostrar que el Islam como enemigo ya existía en los planes norteamericanos y su mentor era Samuel Huntington, a quien alinea junto a Francis Fukuyama:
No son pensadores, son hábiles ideólogos entregados a la tare de fundamentar conflictos (o la ausencia de ellos a causa del triunfo definitivo, en el caso de Fukuyama) de una administración, de un proyecto político que respaldan en la modalidad del cuasi sometimiento. De aquí también la certeza, la univocidad de sus juicios que consiguen arrastrar a muchos, a veces a todos, a la aceptación o el rechazo, instalando una temática que la agenda política del “Occidente democrático” quiere instalar. (Feinmann, 2001; 532)

Marcándolos en su rol de funcionarios del imperio que ni siquiera llega a reconocer como “pensadores” –por no decir “filósofos”- y los califica de “ideólogos” subordinados a la política. Sin embargo, luego los asimila a filósofos de su aprecio como Hegel y Engel que en su momento también cumplieron la tarea de justificar desde la filosofía el accionar político del imperio en el que producían y, de modo análogo, también trataron de congelar la historia para tapar los conflictos latentes e irresueltos a pesar del triunfo de una de las partes en el gran conflicto internacional. En ese esquema de confrontación ideológica internacional no deja de colocar a la Argentina, aunque sea brevemente, para que el lector no pierda de vista el horizonte desde el cuál analiza el conflicto:
Analicemos; niega la posibilidad de conflictos entre países pobre y países ricos porque exige que “todo” Occidente sea un bloque. (Lo está pidiendo hoy Bush cuando dice “con nosotros o contra nosotros”. Lo está aceptando, en otra de las modalidades menemistas de su gestión, el mínimo De la Rúa cuando ofrece nuestra “colaboración” con la cruzada punitiva). (Feinmann, 2001; 534)

Lo que lo lleva a concluir en el desenmascaramiento de una falacia que puede aplicarse para evitar una oclusión en la lectura de nuestra historia que el gobierno de Menem trató de ejecutar con la sanción de la “Ley de punto final”:
Somos todos occidentales y estamos en guerra contra el Islam. Al hacerlo elimina el conflicto en Occidente. Ya no hay pobres ni ricos, ya no hay culturas diferentes, identidades diferentes. Somos todos occidentales y estamos en guerra contra el Islam. Y si no, somos terroristas, tan terroristas como los fanáticos que derrumbaron las Torres Gemelas. Videla y nuestros militares, lo mismo: uno estaba con ellos o contra ellos. Y si no estaba con ellos (condición que se extendía lasta los “indiferentes” o los “tímidos”) era un subversivo. Fue así como todos fuimos subversivos. Es así como hoy, a medida que esta locura continúe, todos seremos terroristas. (Feinmann, 2001; 535)

De modo que José Pablo Feinmann si bien analiza el conflicto internacional del momento, en ellos encuentra los argumentos para llamar la atención sobre la actualidad de los acontecimientos iniciados en la década de 1970 y que no pueden cerrarse sin esclarecerse, aun cuando una ley lo sancione.

Conclusión
El escritor José Pablo Feinmann ha realizado una tarea continua de análisis de los acontecimientos de actualidad por su trabajo en los medios de prensa escrita, caracterizados por un perfil que invita a la reflexión del lector. Su formación profesional y su experiencia personal le permitieron establecer vínculos entre esos hechos del momento relevados por la prensa como noticia del momento y su vinculación con la historia del pensamiento político. Ese modo de escribir asentado en trascender el momento e insertarlo en series de acontecimientos y pensamientos más amplios, son los que le permitieron recuperarlos de su espacio en la prensa y llevarlos al formato de libros de ensayo.
La misma temática sobre la que José Pablo Feinmann reflexionó en los diarios y revistas que luego se volcaron en libros, también se tematizaron en ficciones que se dieron a conocer en formato de novelas y películas, que son otro modo de reflexionar. Tal como lo dice Ricardo Piglia, se trata de pensar con imágenes, y esa es la única distancia que hay entre la filosofía y la literatura, que una realiza abstracciones y que la otra produce narraciones que las ejemplifican.
José Pablo Feinmann más que registrar el acontecimiento, tal como la hacen los cronistas, se detiene sobre ellos y los analiza para concatenarlos en series que amplifican su sentido.


Bibliografía
De Grandis, Rita (2006), Reciclaje cultural y memoria revolucionaria, Buenos Aires, Biblos.
Feinmann, José Pablo (2001), La astucia de la razón, Buenos Aires, Norma.
Feinmann, José Pablo (2002), Escritos imprudentes, Buenos Aires, Norma.
Fukuyama, Francis (1992), El fin de la historia y el último hombre, Buenos Aires, Planeta-Agostini.
Jozami, Eduardo (2013), Rodolfo Walsh. La palabra y la acción, Buenos Aires, Edhasa.


[1] Esa estimación que realiza J.P. Feinmann es coincidente con los postulados de Ricardo Piglia que, a partir de las lecturas que realizar de Roberto Arlt, concluye de modo similar con lo que denomina “la literatura premonitoria”.